NUEVE COMPROMISOS PARA PROMOVER LA RECONCILIACIÓN EN CHILE

Me parecía improcedente hacer una serie de enseñanza basada en la Biblia que no estuviera vinculada con lo que todo el país estaría hablando este mes en relación con la conmemoración de los 40 años del Golpe Militar.

 

Cada septiembre las iglesias evangélicas celebramos el “Mes de la Biblia”, pero como pastor de una iglesia  en la comuna que vivió en carne propia la destrucción del sistema democrático chileno, me parecía improcedente hacer una serie de enseñanza basada en la Biblia que no estuviera vinculada con lo que todo el país estaría hablando este mes en relación con la conmemoración de los 40 años del Golpe Militar.

Desde esa convicción, nuestro equipo pastoral decidió organizar una serie de enseñanza llamada “Reconciliación: ¿cómo se sana la herida?”[1] Esta serie buscó capacitar a nuestra iglesia en cómo ser agentes de paz en un mes como éste y además, entregar herramientas básicas para establecer relaciones saludables en cada uno de nuestros contextos. De esta serie provienen conclusiones y compromisos elementales que, en el poder de Dios, queremos sostener y presentar a continuación:

1.     Miraremos hacia atrás desde Jesús
 
Deseamos que nuestra mirada hacia el pasado no sea desde una ideología derechista o izquierdista, sino una desde el cristianismo. Por lo tanto, sabemos que, si bien tenemos miradas políticas y económicas diferentes entre nosotros y posiblemente vivimos la historia de Chile desde veredas distintas, buscaremos encontrar en Jesús nuestra lectura de los tristes hechos ocurridos en nuestro país.

En la práctica, cada cual tendrá que evaluar cuándo sus pensamientos, sentimientos o modo de hablar no refleja el carácter de Jesús. Y cada cual buscará juzgar la historia de la perspectiva de Jesús.

2. Nos doleremos por los atropellos a los derechos divinos

Mirar hacia atrás desde la perspectiva de Jesús significará partir reconociendo que el principal problema del Chile hace 40 años atrás no fue el atropello de los derechos humanos, sino el atropello de los derechos divinos. El odio entre seres humanos es la primera consecuencia pecaminosa evidente luego de caída de Adán y Eva y lo vemos en la relación entre Caín y Abel (Gén 4). Jesús vino a restaurar nuestra relación perdida con Dios, pero en vez de recibirlo con humildad, terminamos odiándolo y asesinándolo en un madero. Nuestro odio atropelló en la cruz los derechos que Dios justamente tiene de ser nuestro Gobernador. Y ese mismo odio reinó en nuestro país 2 mil años después de la venida de Jesús. Tal odio, en primer lugar, ofendió al Dios que creó a cada chileno a su imagen y dignidad. Por lo tanto, antes de entrar al debate para juzgar las acciones del otro o defender posturas personales, debiéramos sentir dolor y arrepentimiento por la brutal indiferencia con que nuestros compatriotas se relacionaron con Dios en esa época, reconociendo en humildad que, probablemente, cada uno de nosotros hubiésemos actuado de la misma manera.

3. Rechazaremos todo abuso de violencia física, sicológica y emocional

La palabra de Dios afirma que Dios aborrece al que ama la violencia. Pero no sólo eso, desde el inicio de la creación, Él es el único que ha presenciado todo acto violento perpetrado por los hombres y ha observado con sus propios ojos la violencia que llevamos dentro de nuestro interior. El salmista decía

El Señor está en su santo templo,
en los cielos tiene el Señor su trono,
y atentamente observa al ser humano;
con sus propios ojos lo examina.

El Señor examina a justos y a malvados,
y aborrece a los que aman la violencia.
(Sal. 11:4-5)

Nuestro corazón y labios tienen que ser unánimes en aborrecer todo acto de violencia entre chilenos que, sin ser parte de las autoridades establecidas por Dios para guardar el orden y castigar el mal, se comprometieron con ideologías que los llevaron a atemorizar, golpear, abusar y asesinar a los que ellos consideraban “sus enemigos”.

4. Nos doleremos por los atropellos a los derechos humanos

La palabra de Dios afirma que el Señor es quien ha puesto a las autoridades para cuidar al débil y juzgar al malvado con justicia (Romanos 13). Sin embargo, como iglesia nos dolemos al ver como el Estado, habiendo considerado la situación contingente como un de “estado de guerra”, cometió lo que podemos definir como “crímenes de guerra” que son inaceptables e igualmente aborrecibles a los ojos de Dios (torturas, vejaciones, desaparición de cuerpos, violaciones, etc), muchos de los cuales hasta el día de hoy no han sido juzgados apropiadamente por los Tribunales de Justicia.

5. Empatizaremos con el dolor, no simpatizaremos con la ideología

Hubo víctimas en ambos lados del espectro político. Madres de carabineros aún lloran a sus hijos asesinados por militantes de la extrema izquierda. Dueños de tierras todavía recuerdan cómo personas entraron a sus fundos con violencia para abusar, violar y robar bienes que habían ganado con el esfuerzo honesto de sus manos. Familiares de detenidos desaparecidos aún sufren haber perdido a sus seres amados y mantienen la frustración de no poder dar un funeral digno por el silencio de los responsables.
Desde Jesús queremos empatizar con el dolor de todas las personas que todavía sufren producto de la violencia con la que chilenos abrazaron ideologías que se habían evidenciado en otros países como del todo sangrientas. Empatizaremos con el dolor de los que sufren, pero sin dejarnos engañar por las ideologías que durante el siglo XX cobraron millones y millones de víctimas en diversas partes del mundo.

6. No seremos ni pesimistas ni optimistas: realistas.

Es sorprendente ver en las redes sociales el estilo de vocabulario que se usa para referirse a los bandos políticos opuestos. El trato que hay entre los partidarios de un sector político y de otro es vulgar, ofensivo, discriminador, violento e incita al odio. No nos queda otra posibilidad que concluir que si bien han pasado 40 años, hoy vivimos en medio de una generación que puede ser llamada como “los nietos del golpe” y que son igualmente violentos que sus ancestros. Si bien la mayoría no tiene las convicciones para tomar las armas, sus smart-phones revelan lo que está en su corazón. Como cristianos no creemos que Chile tiene un futuro de más y más guerras, pero tampoco creemos que será un futuro tranquilo; creemos que como país seguiremos atropellando los derechos divinos, lo que nos llevará a todo tipo de violencia y conflictos entre nosotros.

7.  Seremos agentes de paz y no de conflicto
 
Ante ese futuro, nos comprometemos como iglesia a ser agentes de paz. Esto significa que deberemos estar constantemente evaluando nuestra sociedad y sus idolatrías para ver de qué manera el sistema de este mundo está oprimiendo al débil y vulnerando a los que no pueden defenderse por sí mismos. Este trabajo puede ser complicado y requerirá de mucha certeza y valentía. Demandará sacrificio, generosidad y servicio. Esto involucrará llamar a personas y líderes al arrepentimiento y a otras a perdonar cuando sea necesario. Involucrará anunciar con claridad que hay perdón en el Cristo crucificado, pero también que habrá juicio mediante el Cristo resucitado. Estamos conscientes de que esto podría generar sufrimiento o persecución sobre todo cuando nuestras convicciones de lo que es “justo” no sean promovidas por nuestro entorno, pero pensamos que Cristo nos ha puesto en Chile para ser portadores de su voluntad, para conciliar entre las partes y seguir sus pasos a cualquier costo en el poder de Su Espíritu Santo.

8. Trabajaremos por el establecimiento del Reino de Dios
 
Buscaremos poner nuestros dones y habilidades al servicio del Cristo vivo. Anhelamos que al final de nuestro paso por Chile nuestro país se parezca más a la realidad del cielo. Tenemos un deseo muy grande: terminar con todo sufrimiento y especialmente, el sufrimiento eterno de todo el que habita en nuestro país. Creemos que el pecado desintegra al ser humano y lo llevará a la miseria, pero creemos que Jesucristo restaura vidas y su presencia puede llenar de justicia, paz y misericordia a personas que nunca imaginaron tendrían una esperanza. Por eso, nos comprometemos a anunciar a Cristo y llamar a personas a una relación con Él mediante el arrepentimiento y la fe.

Creemos que ningún cristiano puede sentirse “en casa” en ideologías humanas. Sólo nos sentiremos en casa con los principios del Reino de Dios que vemos reflejados en la palabra de Dios o tan vívidamente en el sermón del Monte predicado por nuestro amado Señor Jesucristo (Evangelio de Mateo 5-7)

9. Seguiremos orando por la paz de nuestra tierra

La oración es la evidencia que más revela los deseos de nuestro frágil e inconstante corazón y por eso nos recuerda que todo lo mencionado anteriormente sólo puede ser realizado en el poder de Dios y no en el nuestro. Nuestro deseo como iglesia es que Cristo sea conocido en Chile y por eso seguiremos orando, como lo hemos estado haciendo, por la paz y la salvación de nuestro país.

Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad.
1 Timoteo 2:1-4

Cristobal Cerón, Pastor Anglicano, Periodista.

Fuente: www.estudiosevangelicos.org

Octubre 2013

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