La increible y triste historia de Kermit Gosnell y su oficio desalmado

Una noticia terrorífica, sobre un médico sin escrúpulos que asesinaba a recién nacidos, debería estar en la prensa por semanas. Pero la industria del aborto en Estados Unidos logró silenciarla en un verdadero “apagón mediático”.

Podría ser catalogado como uno de los asesinos en serie más grandes de la historia de Estados Unidos: luego de 100 abortos fallidos, Kermit Grosnell (un médico de Filadelfia de 72 años, de especialidad abortista) remató a sus víctimas afuera del vientre. No solo eso, en el juicio se determinaron detalles realmente espeluznantes: Grosnell tenía un sótano repleto de bolsas de basura, frascos y congeladores con cadáveres de nonatos, seccionados, igual que una carnicería… ¡por más de 30 años! Sangre esparcida por todos lados, instrumental quirúrgico sin mínimos cuidados de higiene, y restos humanos cuyo destino final era “menos digno que los de un animal enfermo”, según declaró el fiscal a cargo.

Si usted es sensible a las imágenes o relatos de terror, no se le ocurre buscar en Internet sobre este caso.

El juicio comenzó con la investigación de la muerte de una madre en esa clínica abortista y el asesinato de 7 bebés afuera del vientre. Las imágenes que presentó la policía y los detalles de cómo fueron abortados y rematados a sangre fría afuera del vientre que se presentaron en el juicio podrían ser festín de cualquier medio sensacionalista. Uno de estos antecedentes daba cuenta de que algunas madres fueron forzadas y violentadas por Grosnell a practicarse el aborto cuando, en la consulta, dudaban temerosas.

Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos de ese país sabe muy poco de Kermit Grosnell, porque los medios sencillamente no han dado cobertura y han evitado usar la palabra “aborto” para referirse al caso.

A mediados de mayo, Grosnell fue declarado culpable por el asesinato de 3 bebés y una madre en la clínica, por lo que arriesga pena de muerte. Del resto de los bebés encontrados en el lugar fue absuelto, dado que (según el juez) no se encontraron pruebas suficientes para demostrar que hubieran nacido vivos y luego sido rematados por el matasanos.

Lo cierto es que esta situación pone en discusión el siguiente dilema: ¿por qué en algunas circunstancias quitar la vida a un ser humano en el vientre (es decir: abortar) no es asesinato, pero hacer los mismos procedimientos afuera a un bebé (que iba a ser abortado) si lo es? Este es una cuestión de vital importancia para tomar en cuenta cuando hablamos de aborto en cualquiera de sus formas.

En primer lugar, porque parece a todas luces muy arbitrario su licencia en un caso y prohibición en el otro. En segundo lugar, la evidencia clínica parece indicar que no es poco frecuente que estos “inconvenientes” pasen durante los procedimientos, y de hecho algunos activistas pro-vida (como Gianna Jessen) dan testimonio de si mismos como prueba fidedigna de abortos fallidos.

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