El señorío de Cristo y la misión de la Iglesia en la Cultura

Fue Abraham Kuyper quien dijo esta frase: “No hay un solo centímetro cuadrado en todos los dominios de la existencia humana sobre el cual Cristo, que es soberano sobre todo, no clame: ¡es mío!”. ¿Qué implica esa provocativa idea en la práctica?

Por Guilherme de Carvalho.

La cuestión de la soberanía  –implícita en la pregunta “¿qué es el poder?”- es  uno de los problemas cruciales de la teoría sociopolítica moderna. El vacío creado por el abandono de la creencia en Dios en el mundo occidental generó que diferentes fuerzas se lanzasen en lucha encarnizada por la posesión del cetro divino. La institución victoriosa, en un primer momento, fue el Estado, cuyo discurso para justificar su propia autoridad retomó inevitablemente las tonalidades teológicas ya presentes en el Imperio Romano. El Estado nunca escondió sus pretensiones de sustituir la divinidad, pero fue subyugado por el mercado por medio de un discurso de seducción y vicio ante el cual nada podía hacer. En la crítica postmoderna, en especial en el postestructuralismo, la denuncia de motivaciones violentas del discurso establecido y la imposición de un patrón universal de verdad, bondad y belleza, con el propósito de controlar a las personas, se tornaron la interpretación suprema de las relaciones sociales. Todo –de la política al amor, pasando por la ciencia y por la maternidad- se redujo a relaciones de poder.

Más que otros líderes cristianos contemporáneos, Abraham Kuyper supo colocar el dedo en la llaga e iluminar la naturaleza teológica y religiosa de toda reivindicación de poder. Hablar de poder es entrar en territorio sagrado. Sin embargo, no hay cómo huir del asunto, ya que tanto la modernidad como la postmodernidad sustentan sus discursos sobre teorías de la soberanía.

Consciente del hecho, Kuyper desarrolló, a partir de una visión de mundo calvinista, una propuesta actualizada de interacción cristiana con el poder, capaz de imponerse delante de las grandes ideologías que emergían después de la Revolución Francesa. Al lado de las formulaciones católicas sobre el orden social, esta propuesta pasó a ser parte del gran patrimonio del pensamiento  democrático cristiano europeo, siendo políticamente activa y relevante en muchos países de Occidente. Sin embargo, el valor de su noción de soberanía no se restringe a la política.  Su visión produjo frutos en los más diversos campos de la vida humana –en la vida de la fe, en la iglesia y misión cristiana, entre otros.

Excepto en algunos círculos católicos y reformados, la idea de la “soberanía de Dios”, el sentido profundo y abarcador de ese teosofema para la totalidad de la vida humana casi se perdió, restando poco recuerdo de la gravedad de sus implicaciones culturales. De ese modo, las discusiones sobre la soberanía y el poder en el medio cristiano o son prácticamente inexistentes
o están condicionadas por ideologías seculares.

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Escucha también este audio del mismo autor: “La misión de la iglesia en la cultura”.

Guilherme de Carvalho es pastor de la Iglesia Esperanza en Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil. Es Maestro en Teología de la Facultad Teológica Bautista de Sao Paulo y Maestro en Ciencias de la Religión por la UMESP. Es obrero de L’Abri Brasil y presidente de la Asociación Kuyper para Estudios Transdisciplinarios. El presente artículo fue originalmente publicado como el capítulo 2 de “Fé Cristã e Cultura Contemporânea” Leonardo Ramos, Marcel Camargo y Rodolfo Amorim.

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