Cristianismo y Ecología

Por Jonathan Muñoz

Hablar de cosmovisión bíblica implica en sí una presuposición que debemos dejar clara y es que la Biblia nos presenta más que un plan de salvación para el alma y que el cristianismo es más que una confesión religiosa y/o un código ético de conducta. No estamos negando el hecho de que sea todo eso, sin embargo, afirmamos que va más allá de todo eso. La Biblia, como la auto-revelación de Dios y de Su voluntad para que cumplamos nuestro fin principal, que es glorificarle, ciertamente abarca todas las áreas de nuestra existencia. No hay aspecto del ser humano o de su quehacer que no deba ser regido por la revelación de Dios en la Escritura.

Sabemos que, ya sea a modo de prescripciones explícitas, o a través de principios generales que se deducen de ellas, la Escritura, directa o indirectamente, nos provee marcos para que podamos desarrollar nuestra forma de ver, entender y, por lo tanto, actuar en el mundo. Es por esto que podemos hablar de una “Cosmovisión Bíblica”.

Por otro lado, también, no deja de ser verdad que la Biblia no es un libro de epistemología, metafísica, física, biología, sociología ni de ninguna de las disciplinas o ciencias que la humanidad ha desarrollado. Su carácter y su propósito son esencialmente religiosos. Sin entrar en ninguna contradicción podemos decir que la Biblia es un libro religioso, pero precisamente porque la religión es la raíz de la existencia humana4 – ya que las creencias religiosas determinan nuestras presuposiciones básicas a partir de las cuales desarrollamos el pensamiento en todas las esferas de la vida – la Biblia, como texto religioso, es, sin duda, “cosmovisional”. Por eso afirmamos al inicio que el cristianismo es más que una confesión religiosa, aunque ciertamente se manifiesta en determinados momentos de esa manera. De la misma forma, la Biblia es más que un libro que presenta un plan de salvación para el alma; ella, en realidad, nos presenta un plan de salvación para toda la humanidad y el orden creado.

Pues bien, ¿qué caracteriza a la cosmovisión bíblica? De alguna manera ya hemos mencionado algo de sus características, ya que están como supuestos en lo dicho anteriormente, sin embargo, la mejor manera para que quede clara la cosmovisión bíblica es presentando una fórmula simple, pero profunda, que la resume: CREACIÓN, CAÍDA y REDENCIÓN.

Una vez que hemos comprendido que la Escritura nos provee de un marco referencial completo con el cual podemos comprender el mundo y actuar en él, debemos evaluar en qué medida hemos sabido aplicar, como cristianos, esta
visión de la vida y del mundo al cuidado de la creación.

La base para un debido cuidado de la creación está, en primer lugar, en Dios mismo, su carácter y sus obras. Que Dios no sólo creó sino que también sustenta con amor a su creación es evidente en muchos textos bíblicos, como el siguiente:

“Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos; Van entre los montes; Dan de beber a todas las bestias del campo; Mitigan su sed los asnos monteses. A sus orillas habitan las aves de los cielos; Cantan entre las ramas. El riega los montes desde sus aposentos; Del fruto de sus obras se sacia la tierra. Él hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra, Y el vino que alegra el corazón del hombre, El aceite que hace brillar el rostro, Y el pan que sustenta la vida del hombre. Se llenan de savia los árboles de Jehová, Los cedros del Líbano que él plantó. Allí anidan las aves; En las hayas hace su casa la cigüeña. Los montes altos para las cabras monteses; Las peñas, madrigueras para los conejos. Hizo la luna para los tiempos; El sol conoce su ocaso. Pones las tinieblas, y es la noche; En ella corretean todas las bestias de la selva. Los leoncillos rugen tras la presa, Y para buscar de Dios su comida. Sale el sol, se recogen, Y se echan en sus cuevas. Sale el hombre a su labor, Y a su labranza hasta la tarde. ¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; La tierra está llena de tus beneficios. He allí el grande y anchuroso mar, En donde se mueven seres innumerables, Seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; Allí este leviatán que hiciste para que jugase en él. Todos ellos esperan en ti, Para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; Abres tu mano, se sacian de bien. Escondes tu rostro, se turban; Les quitas el hálito, dejan de ser, Y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra. Sea la gloria de Jehová para siempre; Alégrese Jehová en sus obras” (Sl 104.10-31).

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