¿CÓMO VINCULO MI FE A MI VOCACIÓN?

Si Jesús evaluara mi “cometido funcionario” como su embajador, probablemente me pediría la renuncia….” Camilo Bejar

Normalmente, cuando veo una columna escrita sobre el tema de vincular la fe al trabajo diario, me surgen casi simultáneamente dos sentimientos: curiosidad e incredulidad. Curiosidad, porque en algún sentido siempre estoy esperando que alguien me cuente la última “papita” acerca de cómo hacer el camino fácil y divertido para vivir la vida profesional a partir de la fe en Jesús. Incredulidad, porque veo mi vida y me doy cuenta cuánto me falta para estar a la altura de lo que creo que Jesús pide de nosotros en nuestros trabajos.

 

Por eso, cuando me escribieron que reflexionara sobre esta pregunta, pensé que era una broma. Lo sé, soy bastante pesimista y autoexigente, pero la verdad es que creo que si Jesús evaluara mi “cometido funcionario” como su embajador, probablemente me pediría la renuncia.

LA BUENA NOTICIA ES QUE JESÚS ES UN JEFE CONTRACULTURAL.

 El hizo toda la “pega” para que mediante la fe en su impecable cometido funcionario, nosotros podamos trabajar para El verdadero jefe con paz y alegría.

Por eso, pensaba compartir 3 cosas que trato de hacer para vincular mi fe a mi vocación y 3 cosas que me gustaría hacer (y que obviamente aún no hago). Así puedo tratar de animar a alguien y, de paso, a mí también.

VINCULO MI FE A MI VOCACIÓN CUANDO:

1.     Estoy disponible para servir desinteresadamente a otros con los talentos, habilidades y conocimientos que Dios me ha permitido adquirir: Es práctico y creo que se aplica a casi cualquier vocación. Quizás a esto se refería el Apóstol Pedro cuando dijo “cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido”. [1]

2.     Estoy atento a las necesidades de mis compañeros de trabajo: A veces escuchar un problema, ofrecer ayuda a terminar un proyecto, enseñar algo a la persona nueva, ir a almorzar con el que no tiene con quién (o quizás con el que nadie quiere ir a almorzar). Sólo podemos servir contraculturalmente a otros si disfrutamos como Dios mismo nos ha servido a nosotros. [2]

3.     No tengo miedo a hacer “el trabajo sucio”: Soy abogado, pero no por eso no puedo barrer, ayudar a cargar los archivos, sacar fotocopias, limpiar mi escritorio, recoger los papeles que otros no “encestaron” en el basurero, etc. Saber que en última instancia sirvo a Jesús en mi trabajo, me da libertad de la esclavitud que significa servir al ídolo de la opinión que quiero que los demás tengan de mí.

ME GUSTARÍA VINCULAR MI FE A MI VOCACIÓN:

1.     Hablando de Jesús a mis compañeros en una manera entendible y concreta: No basta con que sepan que soy cristiano, sino que al menos entiendan quién es Jesús y que hizo. No basta con gritar con un megáfono por los pasillos, sino que con el hecho que puedan conectar una buena actitud que ven en mí con el carácter de Él.

2.     Trabajando de una manera más sistemática y con menos distracciones durante el día: Procrastinar es una habilidad propia de mi generación y que no hace distinción de sexo, ideología o clase social. Puedo mejorar mucho en la manera en que uso el tiempo en que estoy en la oficina.

3.     Reflexionando respecto del fundamento del trabajo que hago: ¿a quién honran mis servicios? ¿cómo se relacionan mis servicios con el resto de las personas y el medio ambiente? ¿las sirven o las oprimen? ¿si tengo que tomar una decisión, cómo la justifico desde una perspectiva ética? ¿estoy dispuesto a perder una propuesta o mi trabajo por honrar a Jesús? ¿cuándo lo honro y cuándo lo deshonro?

Hasta aquí voy en mi corta carrera profesional. Espero que a la vuelta de unos años ambas listas hayan crecido en extensión y profundidad.

Que Dios me ayude a poder decir como el Apóstol Pablo al momento de retirarme “no es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante,  sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús”. [3]


[1] 1 Pedro 4:10

[2] Mateo 20:28

[3] Filipenses 3:12-13

CAMILO BEJAR

ABOGADO

IGLESIA SANTIAGO APOSTOL

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