¿CÓMO PUEDE LA IGLESIA AYUDAR A ERRADICAR LA POBREZA?

 

1. ENTENDIENDO NUESTRO ADN

No fue sólo en el primer siglo en que el cristianismo vivió un amor radical en el cual “compartían todas las cosas”, e incluso “vendían sus propiedades…  y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno”[1]. En el siglo II también encontramos referencias a este tipo de vida en comunidad en las palabras de Tertuliano:

“… no dudamos compartir nuestros bienes terrenales con los más necesitados. Tenemos todo en común, excepto nuestras esposas”.[2]

Otro padre del cristianismo, Ireneo, en el mismo siglo, dice:

“En vez de dar nuestros diezmos como lo ordena la Ley, el Señor dijo que repartiéramos todo lo que poseemos con los pobres. Aquellos que han recibido libertad, apartan todas sus posesiones para los propósitos del Señor, dando con gozo y en libertad”[3].

Pero la historia continúa, en el siglo cuarto otro líder prominente, Basíleo, se refiere a lo mismo:

“El pan que guardas para ti mismo, le pertenece a los que tienen hambre; los abrigos que guardas en tu alcoba, a los descalzos…”[4].

Pareciera que el compartir todas las posesiones era parte del ADN de la primera iglesia, al menos hasta el siglo cuarto. El apóstol no lo puede dejar más claro en su primera epístola: “Pero el que tiene bienes en este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?”. Probablemente estas primeras generaciones cristianas quedaron marcadas por el hecho de que antes de morir, las únicas palabras que salían de la boca del anciano apóstol Juan, las únicas palabras que hallaba fuerza para repetir una y otra vez, eran:

“Nuestro Señor dijo, ´ámense los unos a los otros, ámense los unos a los otros´”.

 Temo que pese a que como Iglesia Evangélica en Chile hemos enfatizado la gran comisión y podemos gozarnos por la valiente y fiel proclamación del evangelio en cada iglesia y en cada plaza, en nuestro celo por cumplir con la GRAN COMISIÓN, hemos descuidado el GRAN MANDAMIENTO: “Amarás a tu próximo como a ti mismo”. Considerando las palabras de Pablo en 1 Corintios, la GRAN COMISIÓN es como metal que resuena si no consideramos EL GRAN MANDAMIENTO de amar. Las brillantes y simples palabras de Jesús: “Haz con los demás como te gustaría que hicieran contigo”, lo dejan bastante claro. Si tú tuvieras hambre, quisieras que te dieran de comer. Si carecieras de toda oportunidad educacional y laboral, te gustaría que te las ofrecieran. El mandamiento aplica a todos, nadie queda fuera.  Si nuestros actos, nuestras vidas, reflejan a Cristo, la proclamación del evangelio tendrá un poder incomparable, el poder innegable del amor.

Con el fin de aportar a erradicar la pobreza en Chile debemos comenzar entendiendo que es parte del corazón de Dios tener profunda misericordia por los que carecen por injusticia y mucha gracia por los que carecen con justicia, con el modelo de amor radical de la primera comunidad cristiana en mente, avanzando hasta la estatura de esta radical entrega, la entrega de Jesús

2. VIVIENDO NUESTRO ADN

Quizás para muchos es sobre abrumante pensar en todas las necesidades, sobretodo en un mundo donde a diario nos enteramos de las grandes tragedias humanitarias nacionales y mundiales. La tentación a condenarse por no poder ayudar en todo es real, y debemos cuidarnos de ello, pararnos en la gracia y ser “fieles en lo poco”; Dios nos pondrá sobre mucho. Algunos principios nos pueden servir para avanzar en la misión:

“RETROCEDER, NUNCA …”

Hay estadísticas en EEUU que indican que mientras mayores son los ingresos de las personas, menos porcentaje de sus ingresos dan a otros, prueba fehaciente de que el dinero tiende a atrapar, más que a liberar. El gran desafío es dar vuelta esas cifras, mientras más tengamos más porcentaje de nuestros ingresos dar. Cristo en nosotros, la esperanza de gloria, es capaz de cambiar las tendencias estadísticas, y nos ayuda a ser cada vez más generosos, tal como la primera iglesia.

PARTIR CON TU ENTORNO

De seguro alguien en tu entorno tiene necesidad, y la forma más práctica de ayudar es simplemente preguntando. Este amor comunitario rompe los esquemas de la “meritocracia”, y establece gracia en nuestras iglesias: “de gracia recibimos, de gracia damos”. Además, el llamado radical de los primeros cristianos no es para que una persona o una familia lo vivaes un cambio de cultura en la cual debemos avanzar juntos como cuerpo.

ENSEÑANDO A PESCAR

Siempre recuerdo el dicho: “Dale un pescado a un hombre y comerá un día; dale una caña, enséñale a pescar, y comerá para siempre”. Creo que hoy somos testigos de una revolución de nuevas maravillosas fundaciones que se levantan para dar oportunidades a gente que simplemente no las tiene.  Enseña Chile, Manos de Cristo y OPTE, son tremendas iniciativas que están inspirando a cientos de jóvenes a enfrentar quizás el problema más grande en Chile, la desigualdad de oportunidades. Estas entidades están proveyendo alas a los que no tienen, para emprender vuelos que jamás habían soñado. Es muy fácil involucrarse con éstas u otras fundaciones.

Sólo la gracia de Dios nos puede permitir seguir proclamando el evangelio de Dios en todo lugar, en cada área de la sociedad, dando testimonio de Cristo, no sólo con nuestras palabras, sino también con principalmente con nuestras vidas.

JAHNN COOPER BARRAT
ESTUDIANTE DE UNIVERSIDAD “ALL NATIONS” UK
IGLESIA LA TRINIDAD DE LAS CONDES

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